La historia de Tamika Felder

Quítele la vergüenza al VPH

Relatado por Tamika Felder

Me enteré del VPH poco después de que se me diagnosticara un cáncer cervical. Mi doctor realmente apenas hablaba conmigo mientras ojeaba mi expediente cuando dijo algo asi como "usted posiblemente tenga (los tipos de) VPH 16 ó 18." Mi primera reacción fue "¿qué es eso?" Pero en ese momento no dije nada. Ya era bastante malo con saber que tenía cancer.

Aun así, al mismo tiempo, yo sabía que era una mujerinteligente, con educación. Trabajaba en un programa de salud en televisión, así que, ¿por qué nunca había escuchado del VPH?

Después de mi consulta, me fui a mi casa y entré a la Internet, y comencé a hacer búsquedas en Google y a pedir prácticamente todo libro relacionado que ofrecía Amazon.com. Hice una lista de preguntas y continué hablando con mis doctores hasta que me sentí que me habían dado respuestas a todas ellas. A medida de que todo se aclaraba, sentí una variedad de emociones: sorpresa, furia, vergüenza, devastación. Me sentí en gran medida como que yo era una paciente "menor" de cáncer porque mi cáncer está ligado a un virus de transmisión sexual. Parece como algo de "secundaria", pero tenía miedo de que no le iba a simpatizar a la gente. Pensé: "¿quién va a ser mi amigo después de esto?"

Pero también tenía la sensación de que tenía que enterarme de todo lo que había sobre este virus y de contarle a otras personas, sobre todo porque sabía que el VPH es algo que le da a prácticamente todo el mundo. Por mis indagaciones me enteré de la prueba de VPH. Aunque era muy tarde para mí, me emocioné al enterarme de que le ofrece a las mujeres resultados precisos sobre si tienen en VPH, al contrario del Papanicolaou, que era todo lo que yo me hice. ¡Soy de la opinión de que la prueba de VPH debe ser obligatoria para todas las mujeres mayores de 30 años!

Las primeras personas a quienes les conté de mi cáncer y del VPH fueron mis tres amigas más allegadas: Felicia, Angela y Quan. Todas fueron un gran apoyo y comprensivas. Después de a ellas, le conté a mi familia, pero todos reaccionaron de manera diferente. Algunos tenían preguntas y otros tan sólo querian estar junto a mi para consolarme y secarme las lágrimas. Sentía miedo al contarles, aunque alivio al mismo tiempo: mantener el secreto no hacía sino corroerme, como que tenía algo de que avergonzarme. Ahora sé que no tenía por lo que sentirme avergonzada.

Después de todo esto, he establecido una gran relación con mis doctores y aún hablo con ellos del VPH, pero me parece que mi caso es raro. Pienso que algunos doctores creen que las mujeres no quieren saber del VPH, así que no lo traen a colación. Pero yo no estoy de acuerdo. Me parece que los doctores deben de ser más francos. Las mujeres quieren saber más sobre su salud y qué les ocurre a sus cuerpos (¡y los hombres también quieren enterarse!).

Así que mi mejor consejo para las mujeres preocupadas por el VPH es que lo entiendan, que hablen con sus doctores y que encuentren a personas que las puedan apoyar. Reservárselo me dió una mala impresión, como si tuviera en efecto algo que ocultar. Pero a medida que platico y educo a mujeres, hago del virus parte de mi historia, ¡y aquéllos que dicen algo que no me cae bien, les digo que se informen mejor!