Pon a Prueba tus Conocimientos

Tome el quiz de Mitos vs. Hechos del VPH

La historia de Mary Marcdante

¿En qué circunstancias las madres e hijas deciden acercarse y comunicarse como amigas? Algunas, cuando se trata de matrimonio o embarazo. Otras, en crisis físicas o emocionales. Para mí, fue cuando a mi madre le diagnosticaron cáncer de ovarios. Desde el momento que escuché la palabra "cáncer" hasta su muerte, me hice muchas preguntas que me llevaron a respuestas sorprendentes y encontré una nueva amistad que no me esperaba y que desafortunadamente pronto llegó a su fin.

¿Por qué será que en muchos casos es un grave problema de salud lo que se necesita para entender el poder y el valor de la comunicación entre madres e hijas?

Después del fallecimiento de mi madre, aún quedaban muchas cosas que quería o necesitaba saber. En mi búsqueda de respuestas, leí libros, hablé con otras mujeres, entrevisté a psicólogos y analicé mi propio pasado. Me di cuenta de que la mayoría de mujeres tienen preguntas que les gustaría hacer a sus madres pero temen hablar sobre ciertos temas. Estuve considerando escribir un libo sobre las preguntas que las hijas deberían de hacer a sus madres, pero no estaba segura de poder enfrentarme a todo lo que eso me traería a la memoria, así que me lo quité de la cabeza.

Pero todo cambió cuando tuve que someterme a una histerectomía por cáncer cervical. Me sentí indignada porque los resultados de las pruebas del Papanicolaou siempre habían sido normales, excepto algunos "pequeños cambios que tan sólo había que observar" según mi médico. Fue después cuando descubrí que el cáncer cervical es causado por el virus del papiloma humano (VPH), un virus de transmisión sexual que casi todo el mundo contrae en algún momento, independientemente de si son solteras o tienen una relación monógama. Todo lo que se necesita es contacto sexual con una persona portadora del virus. También aprendí que aunque el organismo normalmente supera al virus VPH antes de que cause ningún problema, a partir de los 30 años de edad, las mujeres tienen más probabilidades de contraer una infección persistente de alto riesgo; una infección que no desaparece por sí sola. Y, como me ocurrió a mí, la prueba del Papanicolaou no siempre lo detecta a tiempo.

Es por eso por lo que ahora muchos doctores aconsejan a las mujeres de mi edad que se hagan la prueba del VPH junto con la del Papanicolaou.

Pero en aquel momento, yo no tenía ni idea y estaba asustada, era inexperta y sentía vergüenza. Y lo peor de todo es que no tenía a mi madre para hablar. Ella vivió una histerectomía cuando tenía treinta y largos y el saber más sobre eso me hubiera sido de gran ayuda. Fue entonces cuando me prometí a mi misma que si sobrevivía, iba a dedicar mi vida a promover una mejor comunicación entre las mujeres (especialmente entre madres e hijas) en lo referente a su salud y bienestar.

Los seis años siguientes al tratamiento, los pasé recogiendo miles de preguntas y entrevistando a cientos de madres e hijas para mi libro Mi madre, mi amiga. Descubrí que la salud es el tema que más se evita y, a la vez, sobre el que las mujeres hubieran deseado preguntar a sus madres, después del dinero, del proceso de envejecimiento y de todo lo relacionado con la última etapa de la vida.