La historia de Kelly Cain

"Me daba rabia que muchas mujeres, como yo, se hacen la prueba de Papanicolaou todos los años y se siente seguras cuando en realidad no lo están."

Es sorprendente lo mucho que puede cambiar la vida en un año. Mirando atrás a las Navidades del 2004, puedo recordarme claramente de lo entusiasmada que estaba con mi vida y por el año por venir. A la edad de 34 años me sentía bendecida por estar saludable y feliz, y por tener un trabajo prometedor ante mí. Además, mi prometido y yo estábamos hablando de planes de boda y de la posibilidad de tener niños. Todo parecía estar en su sitio.

Pero durante los meses siguientes me empecé a sentir enferma y a sentir unos síntomas extraños. No lo podía explicar, tan sólo que no me sentía bien. Al fin, se lo atribuí al estrés por un cambio de trabajo, la desazón del invierno y quién sabe que más. Después de todo yo acababa de ver a mi doctor en septiembre para mi reconocimiento y la prueba de Papanicolaou anuales. Todo estaba bien, como siempre. Así que pensé que mis síntomas podían esperar unas cuantas semanas hasta que entrara en vigor el seguro de salud de mi nuevo trabajo.

A principios de febrero, después de que mi seguro entró en vigor, fui al doctor para demostrarme a mí misma que la voz en mi cabeza estaba equivocada. Pero mientras estaba sentada en su consultorio, pude ver en su rostro que algo no estaba bien. Por supuesto, justo después del día de los enamorados recibí esa llamada telefónica, de las que cambian la vida y te hunde el estómago: tenía cáncer cervical avanzado.

¿Cáncer cervical? Yo apenas sabía dónde estaba mi cuello uterino. Ni siquiera estaba en mi radar de enfermedades por las cuales debía preocuparme. Era demasiado joven para eso. Cierto, algunas mujeres de mi edad padecen de cáncer del seno y de los ovarios, pero ¿de dónde salió esta enfermedad? Yo siempre he estado saludable y había tenido un historial de pruebas de Papanicolaou normales. ¿Cómo es que podía estar bien en septiembre y tener cáncer en febrero? Estaba tan sorprendida y abrumada que no podía recordar la explicación que me dio el doctor. Todo lo que podía recordar era que había dicho que el cáncer cervical es causado por un virus con un nombre larguísimo. Luego me enteré de que se llamaba el virus de papiloma humano ó VPH; una enfermedad que la adquiere cerca del 80 por ciento de las personas sexualmente activas, aunque la mayoría la supera sin ningún problema.

Después de mi diagnóstico inicial, más pruebas revelaron que el tumor de mi cáncer había crecido al tamaño de una pelota de golf. Los doctores dijeron que la única manera de salvar mi vida era una histerectomía, radicación y quimioterapia. Sin opción alguna, me despedí de mis sueños de tener hijos propios y comencé un riguroso régimen de tratamiento.

Fue duro, pero tuve la suerte de tener a un buen especialista, y, mejor que todo, una red de amistades y familiares que incondicionalmente me apoyaron y me dieron cariño. Pero en todo momento sentía esta constante sensación: ¿por qué me estaba pasando esto a mí?

Entonces, dos semanas después de mi histerectomía, estaba viendo la televisión y vi un comercial de la prueba de VPH y cómo ésta puede ayudar a prevenir el cáncer cervical. Después de ver el comercial un par de veces, quise más información. Estaba enojada de que, como paciente de cáncer cervical, no sabía de esta prueba o siquiera mucho del VPH.

Saturada de preguntas y frustrada, entré a la Internet. Ahí fue donde encontré que la prueba de Papanicolaou no es infalible. De hecho, como en mi caso, ¡puede pasar por alto células precancerosas año tras año! Pero esta prueba de VPH, cuando se hace con la prueba de Papanicolaou, encuentra VPH que causan cáncer en casi el 100 por ciento de las ocasiones.

Me daba rabia que muchas mujeres, como yo, se hacen la prueba de Papanicolaou todos los años y se siente seguras cuando en realidad no lo están. También me sorprendió que al ser mayor de 30 años era más propensa al cáncer cervical. Estas realidades me motivaron a empezar a hablar sobre la enfermedad con mis amigas, mi familia, mi compañeras de trabajo y la comunidad.

Desde julio del 2005 me encuentro oficialmente libre de cáncer. Con esta seguridad, estoy recogiendo los añicos en que quedó mi vida y estoy haciendo lo más posible por compartir las lecciones que he aprendido. Sólo espero que al discutir mis vivencias pueda ayudar a que otras mujeres puedan tener unas vidas saludables, felices y libres de cáncer cervical.span quote right