"Desde que tengo uso de razón, conservar mi salud ha sido una gran parte de mi vida. De hecho…"
Desde que tengo uso de razón, conservar mi salud ha sido una gran parte de mi vida. De hecho, mi padre es un médico de cabecera y mi mamá es una enfermera, por lo que la salud ha sido algo que todos nosotros siempre hemos discutido muy abiertamente. Por la influencia de mi familia, yo siempre he sacado tiempo para un examen físico anual y nunca he faltado a mi reconocimiento ginecológico anual.
Es por esto que, después de toda una vida de pruebas de Papanicolaou normales, me sorprendí cuando en septiembre del 2004 me dijeron que los resultados de mi Papanicolaou había salido anormales. Mi ginecólogo no parecía estar muy preocupado y concertó una prueba de Papanicolaou adicional para tres meses después. Mi próximo Papanicolaou resultó normal y pensé que todo estaba bien. Luego concerté otro para seis meses después, lo que nos trae a junio del 2005. Por ser una maestra de pre-escolar, mi itinerario estaba muy cargado, al igual que el de mi ginecólogo, así que la visita de seguimiento tuvo que ser reconcertada varias veces. Cuando por fin pude volver al doctor, ¡los resultados volvieron a ser anormales! Naturalmente, me empecé a preocupar. El próximo paso consistía en someterme a una colposcopía y desafortunadamente tuve otra agonizante espera de un par de meses para obtener los resultados. Cuando regresé al doctor una vez más, él tenía para mí unas noticias alarmantes: tenía displasia cervical severa (células precancerosas). ¡Debido a este diagnóstico me hicieron un tipo de biopsia especial para determinar si había desarrollado cáncer cervical!
Tras el diagnóstico, tuve la bendición de tener el apoyo de mi familia y mis amistades, que nunca flaqueó. Después de discutir a fondo el diagnóstico con mis padres, me di cuenta de que el cáncer cervical es una enfermedad de la que se sabe muy poco. Mi madre, una enfermera con una larga carrera, ni siquiera sabía que el causante del cáncer cervical era una infección de transmisión sexual, el virus del papiloma humano (VPH), ni que se podía contraer el VPH de tan sólo un compañero.
Dos días después de la biopsia, mi doctor me llamó y confirmó que yo tenía cáncer cervical. Para erradicar toda evidencia del cáncer que se había desarrollado tuve que someterme a cirugía, junto a un régimen de quimioterapia, radiación y radiación interna de cinco semanas que me dejó estéril. Para una joven soltera y que desea tener hijos desesperadamente, estas noticias fueron totalmente devastadoras.
Después de sobrevivir este cáncer potencialmente letal, tengo una perspectiva de la vida mucho más mejorada. He aprendido a reducir el ritmo de vida frenético al que me había acostumbrado y, lo más importante, a valorar a las personas en mi vida.
A pesar de que mi lucha en contra del cáncer cervical fue dura, no lo pude haber superado sin la red de apoyo extraordinaria creada por mis colegas maestros. Durante la quimioterapia y la radiación, recaudaron $1,000 dólares en mi nombre para una peluca, en caso de que la necesitara (¡Me alegra decir que no perdí mi cabello!). Además, donaron 2 meses en días de "vacaciones/enfermedad" de modo que pudiera tomarme una licencia sin ninguna preocupación. Ha sido uno de los detalles más tiernos que alguien pudiera haber tenido conmigo.
También he pasado a abogar expresamente por la educación sobre el VPH. Quiero compartir mi historia con otras mujeres de modo que no tengan que atravesar por todo lo que yo tuve que pasar. Ya he exhortado a mis amigas y familiares a que se aseguren de concertar sus consultas anuales con el doctor, y me gustaría que todas las mujeres supieran que no deben de tener temor de hacerle preguntas a sus ginecólogos, y que se aseguren de hacerse la prueba de VPH junto a la del Papanicolaou para detectar el virus antes de que tenga la oportunidad de convertirse en cáncer. Yo nunca quisiera que mujer alguna pase por lo que yo pasé por un cáncer que es tan fácil
de prevenir. 